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Madres Adolescentes
Cuando jugar a la Mamá se convierte en realidad
Por Caridad Ramírez, Carolina Ausset,
M. Paz Espinoza, Paola Casas Cordero y Karina Rosales
El cuerpo de una adolescente está preparado físicamente para concebir como el de cualquier otra mujer madura, pero ha quedado demostrado que estos embarazos tienen más riesgos porque aumentan las probabilidades de enfermedad y muerte para ambos: la madre y su hijo.

El embarazo en la adolescencia está médicamente definido como el que ocurre en las mujeres jóvenes menores de 19 años y que se da, por la obvia razón, de la práctica de relaciones sexuales sin medidas anticonceptivas. A lo anterior se suma la falta total de educación con respecto a esta tema, que es tabú en nuestra sociedad.
Según estadísticas norteamericanas, el 66% de los adolescentes (13-19 años) ha tenido experiencias sexuales antes de cumplir los 20. Se manejan teorías respecto a que estos embarazos no deseados se deben a que los jóvenes actualmente crecen rodeados de una cultura donde compañeros, televisión, cine, música y revistas transmiten, frecuentemente, mensajes que impulsan a tener sexo fuera del matrimonio.
RIESGOS FISICOS
El cuerpo de una adolescente está preparado físicamente para concebir como el de cualquier otra mujer madura, pero ha quedado demostrado que estos embarazos tienen más riesgos porque aumentan las probabilidades de enfermedad y muerte para ambos, la madre y el bebé. Están propensas a complicaciones médicas serias, como la hipertensión, anemia, parto prematuro y/o placenta previa, dándose más casos de toxemia (donde se tiene que escoger entre la vida de la madre y el hijo),
Sin embargo, a juicio de psicóloga María Eliana Ortúzar G., docente de la Universidad de Las Américas “aunque el cuerpo de la joven resista este cambio físico, su mente no está preparada para tal responsabilidad. Es decir: La maternidad no es igual a madurez”.
En los embarazos de adolescentes los padres también juegan un papel fundamental. Hay quienes dan un apoyo total e incondicional a sus hijas. Otros, en cambio, las rechazan y no les pueden perdonar lo que califican como “error”. “Ese temor tan grande al castigo y rechazo de los padres, de la pareja y el entorno social -según la psicóloga- es muchas veces el principal motor para que las jóvenes acudan a los métodos abortivos”.
MAMÁ A LOS 16
Alejandra fue madre a los 16 años. Hoy su hija tiene 10 años y en la calle las confunden como hermanas. Cuenta, con gracia, como la gente se da vuelta en lugares públicos cuando su hija le dice 'mamá', incluso -señala- que muchas personas se han detenido a preguntar si realmente es su hija o le llama así por cariño.
Recuerda también, con un poco de tristeza y ansiedad los momentos que pasó cuando supo de su embarazo. “Me sentí muy asustada. Salí del laboratorio con el resultado positivo, desorientada y sola porque mi novio no me acompañó. Recuerdo que me detuve en una tienda de ropa de guaguas y no sé si lloraba de susto o de emoción”.
Alejandra se casó con su pololo de tan sólo 18 años. Recibieron a su hija 5 meses después. Su matrimonio, como lo confirman las estadísticas, duró 2 años. “Maduré con mi maternidad, pero él, aunque se casó conmigo, quiso seguir con sus fiestas y amigos... no pude soportar”
La joven reconoce lo difícil que fue ser madre adolescente. Aún no sabe cuándo será el momento apropiado para contarle a su hija esta historia. Está cierta, eso sí, por su propia experiencia, que la juventud debería sopesar el tema de las relaciones sexuales.
'Ahora que han pasado 10 años y creo haber crecido mucho interiormente, me duele recordar las lágrimas de mis papás. Les pedí perdón... ellos fueron maravillosos y me dieron todo su apoyo. Nunca me reprocharon; los tuve siempre a mi lado, incluso estaban dispuestos a que yo fuera una madre soltera. Estuvieron conmigo ayudándome a asumir el fracaso de mi matrimonio.'
¡ESTOY EMBARAZADA!
Desde las 4 semanas de gestación, aproximadamente, la mujer presenta algunos síntomas que pueden despertar sospechas acerca de un embarazo. La principal señal es la falta del período menstrual; el indicador casi seguro que lleva a la adolescente a confirmar su embarazo a través de tests de venta común en farmacias. Otros síntomas secundarios podrían ser el agotamiento, aumento del tamaño de los senos, crecimiento abdominal, náuseas y vómitos, mareos y desmayos.
Las pruebas de embarazo, generalmente utilizadas, se basan en análisis de orina o sangre. Las más conocidas y rápidas son las primeras, con reactivos que se adquieren en cualquier farmacia; el resultado se obtiene en unos pocos minutos. Por otra parte, el test sanguíneo es un examen de laboratorio y demora 24 horas en entregar un resultado.
EL INEVITABLE PENSAMIENTO DEL ABORTO
La adolescente, atemorizada ante la posible reacción de sus padres, de su pololo y sintiéndose sola frente a esta responsabilidad, maneja en su mente la idea de abortar. En algunas jóvenes, afortunadamente, esto no-pasa de ser un simple pensamiento de desesperación, otras lo llevan a la práctica, sin saber el inmenso riesgo físico al que se exponen y la carga pesada de conciencia que llevarán para toda su vida. Así lo han manifestado algunos psicólogos, que consideran que el sentimiento de culpa, luego de realizado un aborto, en la mayoría de mujeres, es insuperable.
Los métodos abortivos que se utilizan dependen de la etapa en la que se encuentra el embarazo. Con 16 semanas, es decir, aproximadamente 4 meses, estos serán de desintegración del feto, como por ejemplo la aspiración o legrado, donde se absorbe al pequeño ser y se lo saca despedazado. También están soluciones salinas, que se inyectan dentro del vientre materno, queman al feto, y estimulan a que el útero expulse el producto.
Asimismo, el aborto es un procedimiento quirúrgico que conlleva un riesgo de muerte. Los que se realizan para evadir una responsabilidad, atentan contra la vida misma y son efectuados por médicos que actúan clandestinamente o personas que tienen un nivel de instrucción empírica y que han aprendido con la técnica del error.
El riesgo para la mujer está en que puede presentar una infección generalizada dentro de su cuerpo, producida por derrames internos o restos putrefactos del feto que le pueden costar la vida o “con suerte” la extirpación de la matriz y los ovarios y, por lo tanto, la consiguiente esterilidad de por vida.
PUERTAS QUE SE ABREN
Hay jóvenes que con valentía, con la ayuda de su pareja o no, deciden enfrentar su situación y tener a su bebé. Otras tampoco les niegan el derecho a la vida, los tienen y los entregan en adopción. Por eso el cuidado prenatal temprano y adecuado a un programa especializado en embarazo de adolescentes asegura un bebé más saludable. El fumar, el uso del alcohol, abuso de drogas, debe ser eliminado por completo. Es muy importante una alimentación adecuada y un sueño reparador.
Es por estos cuidados tan especiales, que hay instituciones que han querido dar una solución a esta difícil prueba por la que tienen que pasar estas madres precoces.
La Casa Hogar María (Fono: 2044 281) recibe máximo 20 jóvenes embarazadas sin límite de edad. Las acogen con la opción de que puedan quedarse hasta que el bebé tenga 5 meses de nacido. La Madre Clara Díaz, directora de esta institución, manifiesta que la mayoría de las niñas vienen sólo a tener su bebé; después se van porque sus familias las aceptan de regreso. “Nosotras queremos que la niña salga adelante, que se de cuenta que un hijo es maravilloso y que en lo posible no lo debe dar en adopción porque se puede arrepentir y no se va a recuperar nunca más.”
Esta Casa Hogar cuenta también con ayuda psicológica. Las religiosas se encargan que las niñas reciban terapias. “Hay algunas que llegan muy mal, quieren abortar... especialmente aquellas que han sido víctimas de violaciones.”
La gente es muy solidaria, explica la religiosa. “Tenemos un convenio con el Hospital El Salvador, que atiende los partos de nuestras niñas. También tenemos empresas que cooperan con nosotras otorgándonos ayuda alimenticia y monetaria. Vienen de colegios a traer regalos a los niños, especialmente para Navidad.”
Una joven a quien llamaremos Claudia nos da su testimonio de lo que ha significado para ella vivir en este hogar. “Vivo acá porque quedé embarazada a los 17 años y llegué a pensar en esa locura de abortar. Lamentablemente no tenía el apoyo de mi pareja. El me decía que aborte, como yo lo quería tanto, lo iba a hacer, pero gracias a Dios me di cuenta que el bebé no tenía la culpa de haber venido. Luego pensé en darlo en adopción y cuando llegué acá me di cuenta que no lo debía hacer... Ahora soy feliz con mi hija que va a cumplir cuatro años y agradezco a Dios que me di cuenta a tiempo de lo que era correcto.”
Definitivamente el camino que recorren las madres a temprana edad es muy difícil; crecen en forma acelerada y maduran debido a las duras experiencias y golpes de la vida. Por eso, aunque suene reiterativo, lo más relevante es la correcta educación sexual a temprana edad en los colegios y escuelas, reforzada en la casa por sus padres.
FUNDACIÓN SAN JOSÉ:
SOLUCION DE DOBLE VIA

Una puerta importante que ofrece una solución a las madres adolescentes es Fundación San José (del cual dependen el Hogar San José y la Casa Belén), cuya misión es orientar física y psicológicamente a aquellas mujeres que no desean tener a sus hijos y quieren entregarlos en adopción.
“La fundación acoge a aquellas mamás que llegan por su cuenta o a través de consultorios en busca de ayuda en su embarazo”, explica el sacerdote Julio Dutil, uno de los responsables de la fundación.
Generalmente las mujeres que se acercan a la fundación no quieren tener al hijo. Es entonces cuando se les pone a su disposición un asistente social y les ofrecen terapia psicológica mientras dura su maternidad. Estos profesionales se encargan de hacer un seguimiento a la madre, de indagar en lo más profundo de su ser para encontrar el verdadero motivo por el cual se niegan a quedarse con su bebé. Si optan por lo último se las deriva al Hogar San José, donde se las acoge hasta que tienen al niño.
El Padre Dutil manifiesta que hay algunas jóvenes que viven en el hogar y otras que desde afuera mantienen el contacto con ellos.
“El proceso de adopción -según el religioso- se hace con el mayor cuidado y análisis para asegurar que la madre esté decidida y firme en su decisión”. Durante todo el periodo de embarazo a la mujer se le va preparando en el tema de la adopción, ella nunca está bajo presión de hacerlo. La joven puede arrepentirse hasta 3 meses después del parto para dar a su hijo en adopción. Siempre el personal de la fundación insiste en que la madre conozca a su hijo y de preferencia éste se quede con quien le dio la vida.
La ley también se pronuncia sobre este aspecto, explica el sacerdote. Una vez que se ha cumplido el periodo de posparto (3 meses) y la madre insiste en dejar a su bebé, tiene que ir personalmente a hacer la declaración de abandono del niño ante un juez.
Cabe señalar que hay jóvenes que deciden dejar a sus hijos al momento de nacer y que desde antes tenían tomada la decisión. Otras, en cambio, entran en un periodo de indecisión. En estos casos los recién nacidos son llevados a la Casa Belén donde reciben todas las atenciones físicas y afectivas, ignorando que detrás de esas puertas se está determinando su destino.
(Fundación San José: Av. Las Condes 9680)
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