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Cuerpo y Genes
Apariencia y escencia Viva
Por Laura Caldiz y Diana Resnicoff
Resulta difícil encontrar respuestas para cosas que hacemos todos los días, contrariamente a complejas cuestiones filosóficas. Respecto al sexo, ya sea que lo practiquemos o no, no pensamos en el POR QUÉ.
Cada la universalidad sobre el sexo sería esperable que supiéramos una cantidad de cosas sobre el tema. Nuestra cultura ha restringido tanto la observación directa de la conducta sexual como el acceso a la información. Seguimos inmersos en una era sexual oscurantista. A pesar de los avances científicos con respecto al papel de las hormonas, a los anticonceptivos y a la prevención de enfermedades de transmisión sexual, no han variado demasiado nuestros prejuicios. La sociedad se muestra más abierta e informada pero igualmente sigue condenando a la homosexualidad y nos escandalizamos frente a temas de educación sexual, aborto y pornografía. Esto nos ha llevado a conocer sobre sexo mucho menos que lo necesario para integrarlo armoniosamente en nuestras vidas. Por ello, rompiendo con viejos tabúes nos proponemos aquí hablar sobre sexualidad femenina.
Separar sexualidad femenina de sexualidad en general es una construcción artificial de la cual somos plenamente conscientes, es haber elegido un recorte y quedarse en él. Todas sabemos que sexo ya desde su definición implica dos; sexo del latín sexus quiere decir dividido, partido en dos. Dos son los individuos que se aparean para conjugar vida en casi todas las especies vivientes. Una hembra y un macho son imprescindibles para generar vida nueva. Por eso, al hablar de uno solo queda siempre agazapada la sombra del 'otro', hay casi siempre un hombre detrás de las alegrías y los pesares de la sexualidad de las mujeres, ellos son nuestra ineludible compañía en los avatares del sexo.
Sin embargo creemos que se impone este espacio para hablar tan sólo de nosotras. Si bien compartimos la escena, mujeres y hombres mantenemos vigentes diferencias y particularidades que justifican el intento de analizarlas por separado.
En estos últimos años, diferentes disciplinas han producido conocimientos que amplían el panorama de la sexualidad humana; la biología, la genética y la sicología evolucionista nos proporcionan nuevas pistas para acceder con mayor profundidad a un conocimiento de nosotros mismos. Pensarnos desde estas perspectivas nos ayuda a reconocer las particularidades de la sexualidad femenina como producto de largos tiempos evolutivos que comenzaron hace millones de años.
¿Por qué somos sexuales?
A veces nos resulta más difícil encontrar respuestas para cosas que hacemos todos los días sin pensarlo, que para complejas cuestiones filosóficas. El sexo es una de esas cosas cotidianas que, ya sea que lo practiquemos o no, no pensamos en el por qué.
¿Podríamos comparar el sexo con el hambre o la sed?. ¿Son parecidos? Parece que no: hambre, sed y sueño son necesidades indispensables que deben ser satisfechas para conservar la vida. El sexo es diferente, el impulso sexual es bien dominable. El pedal de freno se encuentra en la corteza cerebral. Mucha gente a lo largo de la historia demostró que se podía vivir sin practicar ninguna actividad sexual, e incluso esta abstinencia es vista como una virtud en ciertos ámbitos religiosos.
La sexualidad, entonces, no es necesaria para la conservación del individuo. Sí lo es para la conservación de la especie, ya que los humanos nos reproducimos sexualmente. Pero ¿somos sexualesporque debemos reproducirnos?. Vale la pena recordar que la humanidad se reprodujo por mucho tiempo sin tener noción de la relación entre sexo y procreación. Por lo tanto, aunque la consecuencia de esta actividad pueda ser la reproducción, no somos sexuales sólo para tener hijos.
Si bien cada uno puede asociar con la palabra 'sexo', diferentes y variadas imágenes, la mayoría de ellas alude a las diferencias hembra - macho. De este modo, si bien el término sexo incluye las características anatómicas pareciera que todas sus representaciones simbólicas surgen de dicha anatomía.
Sexo lleva implícitos dos sexos, hembra - macho, división ésta que rige en casi todo el reino animal al que pertenecemos los humanos. Y rige en casi y no en todo el reino animal porque en ciertas especies es posible llevar a cabo la reproducción prescindiendo del sexo y del coito. Este sistema de reproducción se denomina partenogénesis.
Es esto lo que sucede en veinticuatro especies de reptiles y algunos pequeños insectos conjuntamente con otras especies del reino vegetal (bananas, ananás y naranjas sin semilla) que muestran cómo las hembras se reproducen por su cuenta, no necesitando del macho. Las crías, sólo poseen madre, nacen exactamente iguales a la hembra que las reprodujo y tienen el mismo programa genético.
Según los biólogos y zoólogos cuando la clave de la supervivencia se halla en la rapidez de la reproducción, generalmente se prescinde del sexo y se utiliza la partenogénesis. Pero la ausencia de cambios genéticos se puede convertir en un verdadero problema pues si esos seres no se adaptan, la especie se extinguiría por no existir aquellos cambios genéticos necesarios para la supervivencia de las futuras generaciones.
La introducción del macho permite que los genes se mezclen de modo tal quelos descendientes serán diferentes a sus progenitores y diferentes entre sí.
¿Por qué dos sexos: machos y hembras?

Si los hombres y las mujeres pudiéramos tener ambos sexos a la vez, o si pudiéramos en pocas horas transformarnos totalmente pasando de un sexo a otro, es probable que nunca hubiésemos desarrollado nuestra mirada seductora, nuestras tácticas para coquetear o nuestra fisiología cerebral, necesaria para el enamoramiento y el apego. Nos convertimos en hombres y mujeres, mezclando nuestros genes.
En general estamos acostumbradas a pensarnos en tiempo cercano, rememoramos acontecimientos del pasado y podemos planear algo sobre nuestro futuro pero es difícil que recordemos que somos un eslabón más en la escala del tiempo y que en realidad estamos aquí porque muy lejanos antepasados fueron exitosos en reproducirse y transmitir sus genes por incontables generaciones.
En realidad los humanos comenzamos a ser humanos, aproximadamente, desde hace un millón y medio de años, producto de cambios evolutivos imperceptibles para el individuo pero elementales para la adaptación de la especie a los cambios que le proponía el ambiente.
Los seres humanos tenemos una naturaleza en común, un conjunto de tendencias y potencialidades, inconscientes compartidas que están inscritas en nuestro código genético, en nuestro ADN y que han evolucionado porque fueron útiles a nuestros antepasados hace millones de años. Cada pequeña célula de nuestro cuerpo posee un programa completo con lasinstrucciones genéticas que cada uno necesita, programa que permite a cada organismo ser como es y responder como responde. Nosotros no somos conscientes de esas predisposiciones, pero ellas siguen motivando nuestras acciones.
Desde entonces nuestro material genético no ha variado significativamente y se transmite de generación en generación a través de los tiempos. En ese código genético esta programado nuestro cuerpo con todos sus órganos y por supuesto nuestro pensante cerebro.
Según la biología contemporánea, el 'fenotipo' (el cuerpo) es como un recipiente ingenioso y disponible que contiene el componente hereditario relativamente incorruptible, el “genotipo” o genes. El cuerpo no es más que una apariencia y los genes la esencia viva.
Recordemos que las grandes preocupaciones de la naturaleza, tanto para nosotros como para el resto de los seres vivientes, han sido la sobre vivencia y la reproducción, la persistencia de los genes y su posibilidad de viajar de generación en generación. Y ninguna conducta humana afecta mas obviamente la transmisión de genes que el sexo. Donde se unen un óvulo y un espermatozoide, juntando su carga genética para formar un nuevo ser. Por esto los sentimientos y acciones relacionados con el sexo son productos evolutivos elaborados durante milenios, que se manifiestan en nosotros como atracción, deseo, celos y competencia.
Esta es la razón por la cual, los humanos nos comportamos de manera semejante en las cosas relacionadas con el sexo, a pesar de las grandes diferencias culturales que pueden existir.
La cultura esculpe innumerables y diversas tradiciones de nuestro material genético en común y los individuos responden a su entorno y herencia de maneras idiosincrásicas y muy personales, en eso esta nuestra libertad de actuar.