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La Mujer - Una Sexualidad Constante
La Mujer:
Una Sexualidad Constante
Por Laura Caldiz y Diana Resnicoff *
La sexualidad femenina no termina con la menopausia o la vejez; lo que no significa que su libido (impulso sexual) se mantenga siempre.
La posibilidad de una sexualidad constante, el copular (tener relaciones sexuales) cada vez que lo desea sólo es posible en la hembra humana. ¿Por qué? Porque las hembras en edad de reproducirse sexualmente tienen períodos de celo o estro, fuera de los cuales generalmente rechazan a los machos.
En cambio, las mujeres pueden copular cada vez que tienen ganas, durante todo el ciclo menstrual, durante casi todo el embarazo, y pueden - y frecuentemente lo hacen - retomar el coito tan pronto como se recuperan del parto, meses antes de que el niño sea destetado. La sexualidad tampoco termina con la menopausia o la vejez. Esto no significa que la libido femenina se mantenga siempre. Pero la hembra humana dejó atrás el período de celo.
Tan magnífico es este extraño rasgo de la disponibilidad sexual constante que debe de haber sido la culminación de varias fuerzas ambientales y reproductivas. Pero, ¿perdieron el celo las mujeres o entraron en celo permanente?.
Lo perdieron. Las mujeres no manifiestan prácticamente ningún signo de ovulación en mitad del ciclo. Poco después de que el óvulo es despedido por el ovario, la mucosidad viscosa del cuello del útero se vuelve más resbaladiza, suave y elástica. Algunas mujeres sienten molestias. Unas pocas tienen leves pérdidas de sangre en ese momento. A otras el cabello se les pone más grasoso, los senos se les vuelven más sensibles o tienen más energía de la usual. La temperatura corporal de la mujer sube más de un grado durante la ovulación y permanece normal o ligeramente superior a lo normal hasta la menstruación siguiente. Y en la medida en que se eleva el voltaje de su cuerpo, toda ella se carga de más electricidad. No obstante todos estos cambios, las mujeres no nos damos cuenta que estamos ovulando ni lo saben los hombres. La ovulación en nosotras es silenciosa.(...)
Sin embargo, la mayoría de las mujeres no saben cuándo están en el período fértil. Más aún, muchas deben copular regularmente para quedar embarazadas y tomar precauciones si quieren evitarlo. El momento de la ovulación es un dato oculto. (...)
Sexo y vínculo.
Conjuntamente con la biología, las exigencias sociales, la búsqueda de satisfacción personal y las relaciones que establecemos, presionan para hacer del sexo un tópico muy importante. Dentro de esta problemática situación contemporánea, cada una de nosotras entreteje su propia historia, cargada de afectos, contratiempos y también de alegrías.
Todas las situaciones sexuales - reales o fantaseadas - requieren la presencia de un otro. Se trate de una relación fugaz o de cuarenta años de convivencia, se trate de una relación donde la sexualidad ocupa la parte más importante o donde ésta sólo sea un hecho casual, es, de cualquier modo el vínculo el que determinará la calidad de la relación sexual. Asimismo, es la calidad la que influirá en el mantenimiento o no del vínculo.
Desde el comienzo de los tiempos, ha habido gran descontento entre mujeres y hombres respecto a las relaciones mutuas. Pero éste es sin duda un momento particular. Existe en la actualidad necesidad de buscar nuevas maneras de relacionarse capaces de proveer la compañía, el placer, el desarrollo personal y la satisfacción sexual a lo largo de la vida pero con el menor dolor y tensión posibles.
Existe también un deseo de encontrar formas nuevas para negociar y resolver las inevitables diferencias y conflictos que aparecen. Cada vez es mayor el conocimiento que tenemos sobre las maneras en que los vínculos y la sexualidad se afectan mutuamente. Ambos tienen una poderosa relación recíproca, de modo tal que lo que sucede entre los miembros de una pareja puede determinar relaciones sexuales placenteras, excitantes y frecuentes o bien siempre aburridas e insatisfactorias.
Llegamos al final del siglo XX (ingresamos a un nuevo milenio) con cambios en las relaciones entre hombres y mujeres que no podemos ignorar. La independencia económica femenina no significa tan sólo la posibilidad de ganar dinero sino la posibilidad de elegir una vida autónoma. La democratización de las relaciones entre los sexos nos abre un panorama de mayores libertades pero también de mayores responsabilidades.
Ya dejamos atrás los años sesenta y setenta, años de liberación femenina, de sexualidad libre. Este (...) siglo nos encuentra con un renovado interés en mantener vínculos monogámicos, anhelamos ternura, seguridad y comunicación. Queremos una pareja, pero una es la condición que ponemos: conservar nuestra individualidad, nuestro espacio respetando el del otro.
Sentimientos
Por otro lado y para contribuir a toda esta dificultad, la sexualidad es una cuestión absolutamente relacionada con nuestros sentimientos y los sentimientos femeninos que se ponen en juego en la escena sexual son poderosos, y a la vez diferentes que los sentimientos masculinos.
Indudablemente el cuerpo femenino, en su circulación sexual, requiere un cuidado totalmente diferente que el cuerpo masculino. Lo primero perceptible en este sentido es que las mujeres podemos quedar embarazadas y tener un hijo con sólo tener una relación sexual, una sola. Esto determina de por sí, que el cuerpo femenino sea un lugar a cuidar, un lugar a proteger. Un lugar a entregar o a compartir cuando se está segura tanto de los sentimientos que animan al otro hacia una como de los sentimientos propios. Por lo tanto la escena sexual femenina siempre ha sido vista como cargada de sentimientos y así lo es.
Los sentimientos femeninos de necesidad de un vínculo positivo, de sentirse segura, cuidada, amparada en la relación son absolutamente necesarios. Aun para la premisa más básica de la reproducción, una hembra tiene que asegurarse que alguien va a cuidar con ella esa vida que está gestando.
No todas las veces que hacemos el amor pensamos en reproducirnos pero sí es necesario tener en cuenta cuáles son las grandes programaciones que la naturaleza va a favorecer en todo el tema relacionado con la sexualidad. Una de las instancias favorecidas es la de conseguir un compañero estable. Esto hace que muchas veces la relación sexual para las mujeres vaya unida a la idea de la relación de pareja.
'Recordemos que el crecimiento del embrión tiene lugar en la matriz femenina con el consecuente compromiso invariable de nueve meses de gestación, y un año o más de lactancia a posteriori, no es de extrañar que de alguna manera las mujeres se hayan mostrado más reacias a copular que los hombres o de alguna forma hayan sido y sean más estrictas en sus elecciones' .
Sexo y Cuento
Lo que cada mujer se dice sobre sí misma y sobre el sexo condiciona lo que le sucede en este aspecto. La historia personal se estructura como un cuento. Un relato particular con el que cada una se define en un momento también particular. Y aunque lo que actuamos y pensamos en términos sexuales está muy determinado por la cultura a la que pertenecemos y es esa misma cultura la que lo hace posible, siempre nos queda un amplio espacio para expresar nuestras particularidades. La historia de cada una está compuesta de elementos que se cosecharon en la infancia, la historia de las primeras caricias, los mimos maternales, la seducción paterna cariñosa, la seguridad que se adquiere al sentirse querida.
Todo esto está presente, entretejido con escenas adolescentes, donde la poción mágica preparada basándose en simpáticas y estimuladoras hormonas propias y soñadores ojos masculinos nos ponía el corazón de rodillas. Pocas cosas son embriagadoramente tan sexuales como la pasión adolescente. Basta remitirse a los primeros besos para recordar esa sensación quemante que es capaz de derretir los sesos. Son muchos los adultos que buscan volver a sentir el mismo ardor de aquellos años.
También forman parte del cuento las experiencias de estar en pareja, enamorarse y comprometerse o no en el afecto. Las veces que se nos amó nos compensan de aquéllas otras en las cuales la preferida era otra. En cada cuento perduran las buenas y las malas experiencias y a veces y aun sin proponérnoslo, nos es difícil alejarnos de un círculo de repeticiones dolorosas.
Para algunas el cuento es tan íntimo que, en realidad, nunca se lo han contado a nadie. Diferente en este sentido a la historia sexual masculina, la femenina parece condenada al silencio. Las mujeres raramente nos jactamos de nuestros éxitos sexuales, es muy probable que seamos amigas muy próximas durante años sin que hayamos hablado nunca de la capacidad orgásmica de cada una.
Por otro lado, la experiencia de la sexología clínica de estos últimos veinte años, nos indica que es mucho menor el número de mujeres que consulta por problemas sexuales propios que el número de hombres que sí consultan. Esto nos hace pensar que los problemas se viven más silenciosamente o que no se consideran problemas - ya que sabemos por ejemplo, que un número importante de mujeres no tiene orgasmos o que somos más proclives las mujeres a perder el interés sexual.
Tal como vimos, nuestra capacidad sexual y toda nuestra conducta sexual, tiene como límite lo que somos nosotros como cuerpo, tiene como límite la biología. (...)
Sin embargo no todo lo que pasa está determinado por el cuerpo. Hay un sexo más allá constituido por todos los pensamientos, todas las reflexiones y todas las acciones que de alguna manera hacemos teniendo en cuenta nuestros roles sexuales, el sexo que adquirimos por crianza, el sexo que se nos adjudica socialmente a partir de nuestra diferencia genital.
Todo esto es lo que constituye nuestro género, nuestro sexo social. El género acompaña al cuerpo, se pone en funcionamiento cuando mantenemos relaciones sexuales, o cuando nos acercamos a alguien para seducir. O cuando nos acercamos a alguien justamente para mantener una diferencia, para no ser sexuales con ese alguien. En ese sentido, todos nuestros comportamientos están dictaminados por nuestra cultura, incluso diferentes culturas tienen, en algunos aspectos, matices distintos de cómo deben comportarse los sexos.
La posibilidad de conversar con otras mujeres como así también el informarnos nos permite a cada una de nosotras construir historias alternativas, historias abiertas que se entretejen con las ya vividas, generando nuevas vivencias y posibilidades.

Todas las situaciones sexuales - reales o fantaseadas - requieren la presencia de un otro. Se trate de una relación fugaz o de cuarenta años de convivencia.

Los sentimientos femeninos de necesidad de un vínculo positivo, de sentirse segura, cuidada, amparada en la relación son absolutamente necesarios
*El artículo es un extracto de 'Sexo, Mujer y Fin de Siglo'. Editorial Paidos (1997)
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