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Violencia Intrafamiliar
Golpes a la dignidad
Por Verónica Rodríguez Rowe
El número telefónico 149 está a disposición de quienes son objeto de algún VIF.
Sólo en el caso de mujeres maltratadas, en 1999 la cifra llegó a más de 70 mil denunciantes.
Cuando los distintos informativos dieron cuenta de que fue encontrada, tras 7 años de búsqueda, una niña, ahora adolescente, que fue secuestrada por su abuela, la opinión pública se alegró que medidas adoptadas por la Policía de Investigaciones y la empresa privada (que en sus productos publicó la foto) estén dando sus frutos. Sin embargo, cuando se conocieron las razones del por qué la abuela se llevó a la pequeña, el panorama cambió. Según las versiones, aún no confirmadas, la mujer tomó la decisión tras constatar que su nieta era maltratada por su madre, en tanto la justicia sólo tomaba medidas de parche.
Esta es una situación que grafica un panorama recurrente en nuestro país y que se vive en el seno de muchas familias: la violencia intrafamiliar. Los últimos estudios evidencian que este tipo de violencia afecta a alrededor del 50% de las familias chilenas, mayoritariamente a mujeres, niños y ancianos. Y en cuanto a las primeras (mujeres) el número aún es más abismante: 3 de 4 son víctimas de algún tipo de violencia.
Para la sicóloga y docente de la Universidad de Las Américas Adriana Fernández, 'es necesario, en primer lugar, tomar conciencia que no debiera existir ningún ámbito de nuestra sociedad en el cual se permita ejercer la violencia'. Agrega que, afortunadamente, 'nuestras concepciones han ido cambiando gradualmente; por ejemplo, ya es por algunos y tal vez por la mayoría, rechazada la idea que la 'letra con sangre entra', esto se ha visto en el trabajo por disminuir la violencia en las escuelas, internados, etc.' Agrega que la necesidad de proteger a los niños es una idea que se ha ido socializando (derechos del niño, etc.) por lo que puede ser menos resistido intervenir en estos casos (con excepción del abuso sexual.)
VIOLENCIA EN LA PAREJA
Al tocar el ámbito de la violencia en la pareja inevitablemente se entra en un plano más íntimo, más privado. 'Este es un campo en que aún nos queda trecho por recorrer, ya que se tocan muchas fibras y susceptibilidades', acota la psicóloga Adriana Fernández. Añade que por lo tanto para poder hablar de VIF es necesario, en primer lugar, que evitemos conductas defensivas y negadoras o justificadoras, y se comience por reconocer que el problema no sólo lo sufren quienes reciben directamente una agresión física, psicológica o sexual, o quienes son abandonados, descuidados o privados de sus derechos, sino que es un flagelo que afecta a toda la sociedad. 'La prevención de la VIF no sólo abarca el rescatar a las posibles víctimas sino también a los que ejercen la violencia, puesto que se les brinda la posibilidad de aprender una manera más igualitaria y plena de relacionarse, y a las víctimas a exigir sus derechos y ser capaces de valorizarse lo suficiente como para salir de ese rol'.
La especialista recomienda primero una revisión personal, luego de nuestras relaciones al interior de la familia, del trabajo y en los ámbitos en los que nos movemos. 'Tal vez podamos ir cambiando nuestra forma de relacionarnos y construir una sociedad menos violenta, que permita relaciones más armoniosas y amables', sostiene la académica de la U. de Las Américas.
EN LOS ESTRATOS ALTOS
Pese a lo que podría pensarse dadas las diferencias culturales, no existe una gran diferencia entre la VIF que se ejerce en el estrato bajo, medio o alto. Según un estudio efectuado en 1992 por la sicóloga Soledad Larraín, un 42 % de mujeres pertenecientes al nivel socioeconómico alto reportó haber recibido maltrato de parte de sus parejas. Un 85 % de ellas lo calificó como 'sicológico'. Pero dentro de quienes reconocían las agresiones físicas, un 30 % señaló que éstas eran 'graves'... más que un empujón o una cachetada.
'Hablamos de temas como los roles, el género, la igualdad, la desigualdad, los derechos... tópicos que probablemente muchos de nosotros no tenemos aún resueltos y, frente a ellos, tendemos a defendernos por temor a auto-catalogarnos de violentos o maltratadores (as) o de víctimas pasivas, masoquistas, etc.', explica Adriana Fernández.
El ciclo de la violencia intrafamiliar siempre es el mismo:
--> Período de acumulación de tensiones, que puede prolongarse por semanas o meses.
--> Descarga (los golpes, los insultos, las amenazas).
--> Luna de Miel, esa en que el maltratador se muestra arrepentido y promete no volver a repetir la acción.
En el caso de la mujer (casi no existen denuncias de hombres agredidos, aunque en naciones como Estados Unidos existen cifras reveladoras) ésta se ve envuelta en una relación de amor-odio. No le es fácil asumir que quien ama pueda también agredirla. No pierde la esperanza que algún día ese hombre de quien se enamoró, regrese. También se ha constatado que la mujer golpeada cree en forma inconsciente que son ellas las culpables de que su marido sea así; que no pueden hacer nada para cambiar la situación y que de poner fin a dicha relación se verán envueltas en la soledad, a la que temen más que a los mismos golpes. Un castigador es, en tanto, una persona que no tiene control sobre sus impulsos, que no sabe manejar el estrés o que, por motivos culturales, ve a su esposa como una posesión más.
Quienes reciben las denuncias de las víctimas indican que la diferencia más notable entre las violentadas es quizás, que las de sectores altos tienen una mayor dificultad para pedir ayuda, ya sea por vergüenza o temor a perder su status. Se tiende a minimizar la violencia de que son objeto entrando a disculpar las acciones: 'sólo grita de vez en cuando', 'venía cansado o estresado y por eso lo hizo'.
Es más, generalmente llegan a consultar al especialista con la excusa de 'tener problemas comunicacionales con la pareja'. La violencia de la que son víctimas suele ser de tipo sicológico, que se expresa en un control acucioso sobre todos los aspectos de la vida de la mujer: desde cómo se viste, se peina, con quién se junta, hasta conocer en qué gasta hasta el último centavo que él le entrega. La manipulación económica es fuerte y, por lo general, va muy ligada al sexo. Una frase recurrente entre las afectadas es que el victimario expresa que la satisface monetariamente a cambio de que ella cumpla sexualmente como esposa.
El tipo de violencia física también es 'selectivo' en el sector alto. 'La mayoría de los golpes suele darse en zonas del cuerpo más escondidas, donde no se nota. Se trata de personas que tienen más que perder si la situación sale a la luz pública', explica la teniente Caroline Stange, de la 48ª Comisaría de Asuntos de la Familia, en entrevista a un matutino. De allí también que la mayoría de las denuncias de maltrato en el sector oriente sean realizadas anónimamente y que, cuando carabineros llega al domicilio a constatar el hecho, las propias víctimas impiden la detención y sólo quieren que los policías 'conversen' con el agresor. Obviamente, en este tipo de situaciones las empleadas y los vecinos optan por mantenerse al margen indicando que no vieron ni escucharon nada. Mientras que el agresor, al verse descubierto, se torna sumiso y trata de explicar los hechos culpando a su compañera. 'No es como cuando uno les saca un parte que dicen 'Ud. no sabe con quién está hablando', incluso, prometen ir a consejeros matrimoniales. El que llegue una patrulla de Carabineros a su casa es una vergüenza, por eso es que no denuncian', añade la teniente.
Para la sicóloga Adriana Fernández queda camino por recorrer en cuanto al trabajo para disminuir los niveles de VIF. 'Está comprobado que al enfrentarlo en equipos de trabajos, con apoyo de redes institucionales y sociales, los logros son mayores. Cuando estas redes no están organizadas es necesario establecerlas, reunirse, dialogar, capacitarse y buscar estrategias para intervenir'.
Indica que la buena voluntad es necesaria pero no suficiente ya que 'es un trabajo que hay que abordar con seriedad y planificadamente, aprendiendo a establecer contacto y diálogo con distintos profesionales para poder ver el fenómeno en todas sus dimensiones: individuales, sicológicas-sociales y legales; y en todos sus contextos: familiar, escolar y comunitario'.

UN CASO...
Rosa (32 años, vendedora ) está separada de Marcos hace 7 años. Dice que no ha podido salir adelante con sus dos hijos porque su ex marido nunca la ha ayudado económicamente. Actualmente vive con sus niños en Maipú y en diciembre último interpuso una demanda por alimento. Es víctima de abuso emocional y financiero. 'Todos estos años me engañó con la promesa de que cuando tuviera dinero nos lo daría. Vivimos con un sueldo de 70 mil pesos, de los cuales 36 los pago en dividendo. En mi trabajo me ha ido mal porque estoy afectada sicológicamente debido a las amenazas que me hace para que retire la demanda y temo que me despidan'. Agrega que 'los niños le tienen miedo y rabia por las amenazas que me hace. Nunca pensé que llegaríamos a esta situación. Antes era una persona de buen trato, pero ahora parece otro. Ha llegado a decirme que tiene dinero y por pura rebeldía no quiere que yo lo administre'. (CENFA)